Somos una familia
Si Dios te ha regalado un hijo....tiembla....porque no solo serás su padre y su amigo, sino también su ejemplo.
martes, 26 de febrero de 2013
miércoles, 20 de febrero de 2013
Sí, me he vuelto a caer
Hoy me volví a caer, no era la primera vez, me había pasado ayer.
Pero hoy fue un día importante: ¡comprendí por qué me había vuelto a caer!
Sencillo… pues porque ayer me había levantado.
Algo vulgar y cotidiano: las casualidades
Sí, las casualidades como ese curioso seudónimo con el que el Señor de nuestras vidas se empeña en hacernos llegar sus cuidados. Esos gestos tontos, aparentemente casuales con los que se nos confirma interiormente la íntima certeza de sabernos en Buenas Manos, ratificando intuiciones o abriendo puertas insospechadas. A veces sólo se reconoce la identidad de Quien las lleva adelante “de vuelta”, cuando se repasa con el corazón agradecido cómo se ha llegado hasta aquí y se descubre una cadena misteriosa de circunstancias que no se han provocado, que nos sobrevienen y nos llevan más allá, más adelante. Otras veces se desvela al autor enseguida, reconociendo en lo fortuito un guiño alentador… se trata de mirada. Alguna casualidad de éstas se me ha regalado en estos días… ¡Gracias a Dios!
domingo, 17 de febrero de 2013
¿Qué estamos haciendo?
Faltaban minutos para bajar al recreo, cuando entró en
mi clase la seño Laura, venía a preguntarme si era verdad que el Papa había
dimitido. Al pronto no me salía ninguna respuesta, era lunes por la mañana,
estaba terminando una clase de matemática y mi cabeza estaba metida en el
cuaderno de uno de los niños de mi clase que tenía varias cuentas mal.
En ese mismo momento con la inmediatez de la
comunicación consultamos por el móvil al gran sabio de este tiempo (internet) y vimos en google varios avisos de la noticia…
Enseguida ella volvió a su clase para continuar con la faena y yo seguí con mis
cuentas, sin explicarles nada a los niños de la noticia que nos había dado la
seño.
Pasada dos horas llegué a dar clase en 1º de ESO, y
vaya sorpresa, les conté la noticia a los niños y estuvimos leyendo y
comentando lo ocurrido, hasta que un niño de la clase, dijo con voz fuerte y grave, “a mí esto me da igual, ese no
es Papa mío”… y algunas cosas más que no quiero citar aquí. Yo contesté lo que
buenamente pude y me fui pensando, cómo un niño de 12 años, que apenas sabe
cosas de la vida, puede expresarse con tanto resentimiento, de una persona de
85 años, que es la cabeza y representante de la iglesia de la que forma parte.
El martes por la noche, en antena 3, vi que estaban
dando un programa de humor, en el que se
hacían burlas de todo tiempo sobre el Papa y su dimisión, entrevistas
manipuladas para hacer de la noticia, noticia lo más atrayente que se pueda,
risas, burlas, comentarios… Se me vino enseguida la imagen del niño de la clase
que había utilizado palabras y expresiones aprendidas que no podían nacer del
corazón y la mente de un niño de 12 años. Y me pregunto ¿qué estamos haciendo
con nuestros hijos?, ¿qué le dejamos ver?, ¿qué expresiones usamos frente de
ellos, de nuestra iglesia, de nuestra familia, de la sociedad en general?
De todo esto solo me quedó con una reflexión: lo que
inculquemos en nuestros hijos o alumnos
se volverá tarde o temprano contra nosotros con más fuerza. Por eso, la
invitación debe ser a que trabajemos por inculcar en ellos, la tolerancia, el
respeto, el compromiso y la justicia…Y a sentarnos a esperar los frutos que no
tardaran en llegar.
sábado, 16 de febrero de 2013
"Adolescentes con arrugas"
Todavía recuerdo el día en que me
levanté y me di cuenta de que me pareció hermoso y necesario dar explicaciones a
ciertas personas. Toda la adolescencia uno se la pasa renegando de la
implicación excesiva con los otros. Así, se evita todo aquello que nos lleve a
no ser tremendamente autoafirmantes, en suma, egoístas.
El egoísmo en esa etapa de la vida es
necesario, porque uno debe construir su persona, adquirir su estructura moral
propia, hacerse. Pero más allá de esa etapa se convierte en una especie de
"enfermedad social" que impide la construcción de un bien común, pactado entre
los miembros de la sociedad que interactúan.
Me resulta tremendamente abrumador y
entristecedor ver cómo cada vez más en esta sociedad ese egoísmo adolescente es
el que predomina en personas supuestamente adultas. Tales "adolescentes con
arrugas" -si me permiten la expresión- no son capaces de asumir responsabilidad
alguna de cara a los demás. Responsabilidad entendida como aquello que requiere
una respuesta implicada por nuestra parte. Por ejemplo, uno es responsable
cuando en el trabajo da la cara si algo ha hecho mal.
Uno es responsable también cuando tiene
enfrente a otra persona y la considera como persona más allá de los deseos
propios. Y considera qué es lo que puede hacerle bien y mal. Y, amándola, le
procura ofrecer las mejores alegrías.
Uno es responsable si es capaz de pensar que
otra vida ajena puede ser más importante que la propia en un momento
determinado. Por ejemplo, si alguien necesita de nuestros cuidados. Si tenemos
que atender una mascota, un bebé, una persona anciana.
También uno es responsable si tiene una
autoridad y un poder de gestionarlo debidamente como si fuera su vida en
ello.
Sin embargo, cada vez son más las noticias que
nos llegan de bebés desatendidos, perros abandonados, ancianos exiliados en
asilos o sabandijas que nos roban el dinero público para abrir cuentas privadas
en bancos suizos mientras hablan de modelo ético de austeridad y recortes.
A mí me preocupa especialmente esta
adolescencia eterna de la sociedad, porque con ello se hace daño a otros, porque
es imposible eludir o evadir las responsabilidades, porque se requiere cierta
madurez para tomar decisiones y ser coherentes con ellas y con los que nos
rodean.
No sé qué piensan al respecto, pero necesitamos
urgentemente educar considerando al otro para que el otro pueda entender qué
significa considerar al prójimo.
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