Faltaban minutos para bajar al recreo, cuando entró en
mi clase la seño Laura, venía a preguntarme si era verdad que el Papa había
dimitido. Al pronto no me salía ninguna respuesta, era lunes por la mañana,
estaba terminando una clase de matemática y mi cabeza estaba metida en el
cuaderno de uno de los niños de mi clase que tenía varias cuentas mal.
En ese mismo momento con la inmediatez de la
comunicación consultamos por el móvil al gran sabio de este tiempo (internet) y vimos en google varios avisos de la noticia…
Enseguida ella volvió a su clase para continuar con la faena y yo seguí con mis
cuentas, sin explicarles nada a los niños de la noticia que nos había dado la
seño.
Pasada dos horas llegué a dar clase en 1º de ESO, y
vaya sorpresa, les conté la noticia a los niños y estuvimos leyendo y
comentando lo ocurrido, hasta que un niño de la clase, dijo con voz fuerte y grave, “a mí esto me da igual, ese no
es Papa mío”… y algunas cosas más que no quiero citar aquí. Yo contesté lo que
buenamente pude y me fui pensando, cómo un niño de 12 años, que apenas sabe
cosas de la vida, puede expresarse con tanto resentimiento, de una persona de
85 años, que es la cabeza y representante de la iglesia de la que forma parte.
El martes por la noche, en antena 3, vi que estaban
dando un programa de humor, en el que se
hacían burlas de todo tiempo sobre el Papa y su dimisión, entrevistas
manipuladas para hacer de la noticia, noticia lo más atrayente que se pueda,
risas, burlas, comentarios… Se me vino enseguida la imagen del niño de la clase
que había utilizado palabras y expresiones aprendidas que no podían nacer del
corazón y la mente de un niño de 12 años. Y me pregunto ¿qué estamos haciendo
con nuestros hijos?, ¿qué le dejamos ver?, ¿qué expresiones usamos frente de
ellos, de nuestra iglesia, de nuestra familia, de la sociedad en general?
De todo esto solo me quedó con una reflexión: lo que
inculquemos en nuestros hijos o alumnos
se volverá tarde o temprano contra nosotros con más fuerza. Por eso, la
invitación debe ser a que trabajemos por inculcar en ellos, la tolerancia, el
respeto, el compromiso y la justicia…Y a sentarnos a esperar los frutos que no
tardaran en llegar.

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