Ahí habitas. En el silencio
interrumpido por una digestión. En el calor difuso de un cuerpo en llamas. No sé
quién eres. No sé cómo eres. No alcanzo a saber tu nombre. Sin embargo, nos
amamos. Y nos amamos de una forma única. Una forma muy enraizada. Porque tú
acoges cada alegría o tristeza mía con torrentes de hormonas en tu sangre.
Porque tú bebes de mi cuerpo y eres mi cuerpo. Sin embargo, eres distinto a mí.
Y yo acojo tus arrebatos de cansancio con sueño profundo. Tus hambres para
crecer con comida y las pequeñas náuseas en la mañana con vómitos y secrecciones
de hormonas en mi sangre. Por eso nos amamos. Porque estamos tan unidos, que
habitamos un mismo cuerpo.

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